Si dejo de creer en las hadas ¿Qué me queda?

lunes, 11 de marzo de 2013

Esther Galan Mejias
Hasta ahora nunca antes había hablado en el blog de temas concretos de la literatura infantil. El libro que os presento trata sobre una cuestión que ha desatado controversias, y generado bastantes nuevos estudios, en los últimos años, es decir, ¿los cuentos clásicos son apropiados para los niños de hoy?
 
Si dejo de creer en las hadas ¿Qué me queda? y otros cuentos con aplicaciones didácticas es obra de Esther Galán Mejías. El libro pone de relieve, entre otras cosas, la necesidad de leer y conocer cuentos por parte de los niños, pues los ayuda en su desarrollo.
 
Vivimos en una sociedad profundamente tecnológica, en la que incluso estamos comenzando a abandonar el papel por la lectura digital, cuando no suprimimos por completo la lectura de cualquier tipo y acudimos al soporte visual. La imagen está engullendo el campo de lo escrito.
 
La palabra ayuda a liberar la imaginación y las emociones. Cuando estemos contando un cuento a un niño podríamos decirle lo siguiente "el joven atravesó la puerta...", y ese niño imaginará cómo es esa puerta: su tamaño, su color, su forma. Podemos prescindir de detalles accesorios porque el poder de inventiva de un niño es superior al del adulto. En la narrativa adulta encontraríamos algo así: "el joven atravesó la enorme puerta roja, toda llena de inscripciones que relucían bajo la luz del sol..."
 
Son los cuentos de Esther Galán una aportación distinta a la literatura infantil, tanto para el ámbito escolar, como para el familiar, dedicados a niños entre los ocho y doce años. Los temas que tratan son básicos: amor, amistad, sacrificio, etc.
 
 
Si dejo de creer en las hadas ¿Qué me queda? (Fragmento)
 
María estaba jugando en el jardín como todas las tardes. Era su lugar preferido porque después de la merienda se recostaba en la sombra de un gran sauce y tenía los mejores sueños que nadie podía imaginar.
Era una chica muy distraída y a menudo hacía realidad sus fantasías: veía como su gato le hacía señas para que jugara con él, se quedaba mirando un punto fijo, mientras en su cabeza los acontecimientos no se detenían, daba rienda suelta en su imaginación a las figuras que formaban las nubes, montaba historias con los bichitos, etc.
La mamá de María se enfadaba continuamente con ella porque decía que a sus ocho años ya era hora de dejar que dejara de fantasear tanto y pusiera los pies en la tierra.
- Yo tengo los pies en la tierra, mami - decía ella - pero en la tierra ocurren cosas que tú no ves. Estás siempre preocupada con el trabajo y ni siquiera puedes ver jugar a los elefantes en el cielo.
 
¿Quieres continuar esta historia? ¡Búscala en tu biblioteca más cercana y léesela a los más pequeños de la casa!
 
 

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